EE.UU. enfrenta escasez de misiles Tomahawk en guerra contra Irán

El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores iraní , Esmaeil Baqaei, ridiculizó la escasez de misiles Tomahawk en Washington, acusando a Estados Unidos de “malgastar su arsenal en objetivos civiles”.

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Un misil de crucero Tomahawk durante una operación de la marina de EE.UU.Foto: EFE


30 de marzo de 2026 Hora: 14:25

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El Gobierno de Estados Unidos enfrenta un desafío cada vez mayor en su escalda militar ejecutada en conjunto con Israel contra Irán, ante el ritmo acelerado de uso de sus misiles de largo alcance y la creciente presión logística sobre su aparato de defensa.

Según un informe de The Washington Post, las fuerzas estadounidenses han lanzado más de 850 misiles de crucero Tomahawk en un solo mes, un nivel de consumo que ha generado alarma dentro del Pentágono por el riesgo de alcanzar un escenario crítico de escasez de armamento.

Autoridades y analistas militares han advertido que la dependencia excesiva de armas de ataque de precisión podría desembocar en una situación de vulnerabilidad estratégica. En términos militares, este tipo de escenario se describe como “Winchester”, un término que alude al agotación completo de la munición durante el combate.

Los planificadores de defensa reconocen que el ritmo de disparo actual supera ampliamente la capacidad industrial para reponer las existencias. Cada misil Tomahawk, diseñado para ataques de precisión a largo alcance, tiene un costo aproximado de 3,6 millones de dólares y su fabricación puede demorar hasta dos años. La producción anual de estos misiles se limita a unos pocos cientos de unidades, mientras que la financiación autorizada en años recientes permitió la compra de solo 57.

El desequilibrio entre consumo y reposición se ha convertido en un indicador del desgaste operativo que enfrenta la maquinaria militar estadounidense. “El ritmo de uso podría llevar las reservas a niveles críticos”, señalan fuentes de defensa citadas por el diario estadounidense.

Los expertos calculan que el Gobierno estadounidense ya ha usado cerca de una cuarta parte de su arsenal total de misiles Tomahawk. Antes del inicio de la agresión contra la nación persa, las reservas se estimaban entre 3.100 y 4.500 unidades, una cantidad que ahora habría disminuido de forma “alarmante”. Esta reducción plantea dudas sobre la sostenibilidad de las operaciones militares si la guerra continúa con la misma intensidad.

Los misiles Tomahawk son proyectiles de crucero autopropulsados ​​de largo alcance capaces de portar diferentes tipos de ojivas, desde explosivos convencionales hasta cabezas nucleares tácticas. Las versiones actuales incorporan sistemas de guiado GPS avanzados y tecnología de navegación que les permite volar a baja altitud para evadir radares, ajustar trayectorias en tiempo real y alcanzar objetivos móviles con alta precisión.

Desarrollados originalmente por Raytheon y McDonnell Douglas, los Tomahawk entraron en servicio en 1983. Las versiones más recientes ofrecen un alcance de hasta 2.500 kilómetros y una velocidad de cerca de 880 kilómetros por hora, lo que los convierte en una pieza clave de las operaciones de ataque estadounidenses.

A pesar de estas capacidades, la saturación del uso durante las operaciones contra Irán revela un desequilibrio entre la planificación estratégica y la capacidad logística. Los plazos de reposición industrial y los costos asociados limitan la posibilidad de sostener este tipo de ofensiva prolongada.

El problema no se limita al armamento ofensivo. Fuentes del Pentágono confirman que las fuerzas estadounidenses también han lanzado más de 1.000 misiles interceptores desde los sistemas de defensa aérea Patriot y THAAD, empleados para neutralizar los ataques iraníes.

Aunque estos sistemas son esenciales para la protección de tropas y bases, su uso intensivo ha elevado de forma considerable el costo diario de las operaciones militares. Ante este panorama, el Pentágono solicitó al Congreso un presupuesto superior a los 200.000 millones de dólares con el objetivo de reponer las reservas mermadas y mantener la continuidad de las operaciones en curso.

La propuesta presupuestaria ha generado debate en los sectores políticos y de defensa dentro de Estados Unidos. Algunos legisladores y analistas cuestionan la viabilidad de mantener una guerra de alto costo económico y humano sin una estrategia de salida clara.

A pesar de estas capacidades, la saturación del uso durante las operaciones contra Irán revela un desequilibrio entre la planificación estratégica y la capacidad logística. Los plazos de reposición industrial y los costos asociados limitan la posibilidad de sostener este tipo de ofensiva prolongada.

El problema no se limita al armamento ofensivo. Fuentes del Pentágono confirman que las fuerzas estadounidenses también han lanzado más de 1.000 misiles interceptores desde los sistemas de defensa aérea Patriot y THAAD , empleados para neutralizar los ataques iraníes. Aunque estos sistemas son esenciales para la protección de tropas y bases, su uso intensivo ha elevado de forma considerable el costo diario de las operaciones militares. Ante este panorama, el Pentágono solicitó al Congreso un presupuesto superior a los 200.000 millones de dólares con el objetivo de reponer las reservas mermadas y mantener la continuidad de las operaciones en curso.

La propuesta presupuestaria ha generado debate en los sectores políticos y de defensa dentro de EE.UU. Algunos legisladores y analistas cuestionan la viabilidad de mantener una guerra de alto costo económico y humano sin una estrategia de salida clara.

Desde Teherán, la respuesta ha sido abiertamente crítica. El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores iraní , Esmaeil Baqaei, ridiculizó la escasez de misiles Tomahawk en Washington, acusando a Estados Unidos de “malgastar su arsenal en objetivos civiles”. En una publicación en su cuenta de X, el diplomático denunció los ataques contra escuelas y otros lugares no militares en territorio iraní.

Si hubieran guardado los dos misiles que dispararon contra la escuela Shajareh Tayyebeh en Minab el 28 de febrero, hoy podría presumir de tener dos misiles Tomahawk más en su arsenal para lanzarlos contra otra escuela, universidad, hospital o sitio histórico-cultural”, escribió Baqaei, en alusión a un ataque estadounidense.

La ofensiva militar de Washington contra Irán se intensificó tras el asesinato del líder de la Revolución Islámica, el ayatolá Seyed Alí Jameneí, ocurrido el 28 de febrero, junto con varios altos mandos militares y civiles iraníes. Desde entonces, Estados Unidos y el régimen sionista han lanzado una campaña militar de gran escala que incluye bombardeos contra objetivos militares y civiles a lo largo del país, provocando numerosas bajas y daños generalizados en la infraestructura.

En respuesta, las fuerzas armadas iraníes emprendieron operaciones de represalia, atacando posiciones estadounidenses e israelíes tanto en los territorios ocupados como en bases regionales, mediante oleadas coordinadas de misiles y drones. Los analistas advierten que la escalada podría profundizar la inestabilidad en Oriente Medio, especialmente si la capacidad armamentística de Estados Unidos continúa disminuyendo al ritmo actual.

Autor: teleSUR: asm - RR

Fuente: Agencias